Audacia Comunicación | ¡Feliz Halloween!
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¡Feliz Halloween!

¿Quién no ha escuchado alguna vez un “yo no celebro Halloween porque es un invento americano”?. La noche de los difuntos se celebra el 31 de octubre  y las celebraciones por todo el mundo se popularizan cada vez más. Hasta Google ha querido sumarse a esta celebración de origen celta (sí y no americano) dedicando uno de esos doodles que entretienen a los usuarios del buscador más conocido del planeta.

Las supersticiones, las fiestas y hogueras, el famosísimo truco o trato y sobretodo muchos disfraces se ponen en marcha para conmemorar una Noche de las Brujas que se tiñe de naranjas, negros y morados. Pero, ¿de dónde procede esta fiesta?. Pese a que los principales iconos de esta fiesta, como las calabazas, los zombies, los gatos negros, las brujas o los fantasmas tienen su origen, hoy en día, en la influencia de la cultura norteamericana lo cierto es que Halloween tiene su origen en la cultura celta.

Concretamente en la festividad céltica conocida como Samhain, que deriva del irlandés antiguo y significa ‘fin del verano’.  Los antiguos britanos tenían una festividad similar conocida como Calan Gaeaf. En el Samhain se celebraba el final de la temporada de cosechas en la cultura celta y era considerada como el «Año nuevo celta», que comenzaba con la estación oscura, según publica Wikipedia. 

Los antiguos celtas creían que la línea que une a este mundo con el Otro Mundo se estrechaba con la llegada del Samhain, permitiendo a los espíritus (tanto benévolos como malévolos) pasar a través. Los ancestros familiares eran invitados y homenajeados mientras que los espíritus dañinos eran alejados. Se cree que el uso de trajes y máscaras se debe a la necesidad de ahuyentar a los espíritus malignos. Su propósito era adoptar la apariencia de un espíritu maligno para evitar ser dañado. En Escocia los espíritus fueron suplantados por hombres jóvenes vestidos de blanco con máscaras o la cara pintada de negro.

La llegada de los irlandeses a Norteamérica en el siglo XIX popularizó este festejo y evolucionó hasta lo que es hoy: Las máscaras para espantar espíritus o las velas para que no perturben el sueño. Con “Truco o trato”, los niños llaman a las casa pidiendo caramelos a cambio de no realizar travesuras, emulando ser aquellas almas que, según la creencia popular, amenazaban a los pueblerinos si no accedían a sus peticiones.

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